Aquí va una muestra sencilla, fácil y rotundamente lógica de que no hay verdad en lo que tú llamas tiempo.
o es para nada un lugar de existencia real, como presumen quienes van por las calles de aquí para allá, se pelean en los bares, se exhiben en lugares lujosos, se jactan de las propiedades que poseen o dedican la vida a cosas sin sentido. El mundo es solamente un conjunto de percepciones, una ilusión. Toda la gente a la que nos referimos antes, son solamente existencias reflejas que observan las percepciones en la mente. No obstante, no tienen consciencia de ello. En realidad, gente así, se encuentra en tal estado de deficiencia mental que ni siquiera pueden comprender que las percepciones se forman dentro del cerebro.
mera vez en la historia de un modo tan concreto, claro y explícito.Por esa razón, el siglo XXI será un punto de inflexión histórico, pues la mayoría de la gente podrá comprender las realidades divinas y dirigirse en multitudes a Dios, la única Existencia Categórica.
No es posible que este curso ineludible sea impedido por ninguna existencia refleja.
LA RELATIVIDAD DEL TIEMPO Y LA RELATIVIDAD DEL DESTINOTodo lo relatado hasta ahora demuestra que el "espacio tridimensional" no existe en realidad, que se trata de un prejuicio sustentado completamente en las percepciones y que transcurrimos la vida "fuera de todo espacio".
Lo que percibimos como "el tiempo", es en realidad un método por medio del cual se compara un momento con otro. Expliquemos esto con un ejemplo. Cuando una persona perfora un objeto, oye un ruido particular. Cuando vuelve a perforar el mismo objeto cinco minutos después, oye otro sonido. La persona percibe que hay un intervalo entre el primero y el segundo sonido, a ese intervalo lo llama "tiempo". Pero al oír el segundo sonido, el primero no es más que un recuerdo en la mente. Es, simplemente, un elemento de información en la memoria. La persona formula el concepto de "tiempo" por medio de comparar el momento que está viviendo con el que tiene en el recuerdo. Si no se hace esta comparación, no puede existir ningún concepto de tiempo.

Dado que nuestro cerebro está acostumbrado a una cierta secuencia de los sucesos, el mundo no opera para nosotros como se relata arriba y asumimos que el tiempo fluye siempre hacia delante. Pero esta es una decisión a la que se llega en el cerebro y es relativa. En realidad, nunca sabemos como fluye el tiempo, o si fluye o no. Este es un indicio de que el tiempo no es una realidad absoluta sino un tipo de percepción.
Vayamos a un ejemplo para aclarar el tema. Supongamos que estamos en una sala con una ventana diseñada específicamente y que nos quedamos allí cierto tiempo. Concedamos que en la sala hay un reloj por medio del cual controlamos la cantidad de tiempo que transcurre. Admitamos que desde la ventana de la sala vemos la salida y puesta del sol en ciertos momentos. Si después de un período determinado se nos pregunta cuánto tiempo pasamos en la sala, la respuesta que daríamos se basaría en las informaciones que reunimos por medio de la observación del reloj y por el cómputo de las veces que salió y se puso el sol. Por ejemplo, podemos estimar que pasamos tres días en la sala. Sin embargo, si la persona que nos llevó allí dice que estuvimos solamente dos días, que el sol que vimos desde la ventana fue una imagen producida artificialmente con una máquina simuladora y que el reloj de la sala fue regulado especialmente para que marche más de prisa, entonces el cálculo que hicimos nosotros pierde sentido.
Este ejemplo confirma que la información que tenemos acerca de la velocidad del paso del tiempo, se basa en referencias rela
tivas. La relatividad del tiempo es un hecho científico probado también por la metodología científica. El Destino
Esta es la esencia del concepto de destino, concepto que no es bien comprendido por la gente y en especial por los materialistas, quienes lo niegan completamente. El destino es el conocimiento perfecto que tiene Dios de todos los sucesos pasados o futuros. Muchas personas cuestionan cómo puede ser que Dios ya conozca sucesos que aún no se experimentaron, y eso no les permite comprender la legitimidad del destino. Pero los "sucesos no experimentados" son solamente para nosotros (se ubican dentro del ámbito del ser humano). Dios no está constreñido por el tiempo y el espacio porque El los creó. Por esta razón, pasado, presente y futuro son lo mismo para Dios; para El todas las cosas ya han ocurrido y finalizado.

. De todos modos, las personas experimentan los incidentes solamente cuando llega el momento en que ocurren, y entonces somos testigos del destino que Dios creó para ellas.
La razón subliminal por la que los materialistas no pueden comprender este asunto, es el temor que enfrentarán cuando lo entiendan.
Cuando siente que el universo en el que piensa que vive, que el mundo, que su propio cuerpo, que otras personas, que otros filósofos materialistas que lo influencian, en resumen, que todo lo que experimenta es percepción, se ve afectado por un horror agobiante en todos los campos. Todo en lo que cree, de todo lo que depende y a todo lo que apela, desaparece repentinamente. Prueba el sabor de la desesperación que experimentará realmente el día del juicio, como se describe en un versículo:
Y, entonces, ofrecerán a Dios someterse. Pero sus invenciones se esfumarán. (C. 16:87)
Desde ahí en adelante este humano intenta autoconvencerse de la realidad de la materia e inventa "evidencias" al efecto. Golpea la pared con el puño, patea piedras, vocifera, pero no puede escaparse de la realidad.
Así como quiere sacarse esta realidad de la mente, también quiere que otras personas hagan lo mismo. Es consciente de que si otros conocen en términos generales la verdadera naturaleza de la materia, la índole primitiva de su propia filosofía y la ignorancia que encierra su visión del mundo, sus especulaciones quedarán al desnudo para todos y ya no tendrá argumentos para sostenerlas. Son los hechos relatados aquí los que motivan los temores causantes del desasosiego que le invade.
El Logro de los . La gente de fe se pone muy contenta cuando percibe el secreto de la materia, porque esa realidad es la clave para todas las cosas. Con esta clave se desvelan todos los secretos. Se pasa a comprender con facilidad muchas cuestiones que antes se presentaban de difícil comprensión.

Como se dijo antes, cuestiones como las del paraíso, la muerte, el infierno, el más allá, las dimensiones cambiantes, y preguntas como, "¿Dónde está Dios?", "¿Qué había antes de Dios?", "¿Quién creó a Dios?", "¿Cuánto durará la vida en la tumba?", "¿Dónde están el cielo y el infierno?", se pueden responder entonces fácilmente. Se comprenderá con que tipo de orden Dios creó todo el universo de la nada, al punto que las preguntas de "¿cuándo?" y "¿dónde?" se vuelven sin sentido, porque el tiempo y el espacio desaparecen. Cuando se entienda el concepto de inexistencia del espacio, se comprenderá que el infierno, el cielo y la tierra ocupan todos el mismo lugar. Si se entiende la intemporalidad, se comprenderá que todo sucede en un solo momento: no se espera nada y el tiempo no pasa, no transcurre, porque todo ya ha sucedido y finalizado.
Después de penetrar en este secreto, el mundo se vuelve como el cielo para el creyente. Desaparecen todas las ansiedades materiales. La persona capta que todo el universo tiene un soberano singular que modifica todo el mundo físico como Le place y que todas las cosas tienen que retornar a El. Es entonces que la persona se somete voluntaria y totalmente a Dios …Te ofrezco en voto, a Tu exclusivo servicio, lo que hay en mi seno… (C. 3:35)
No hay nada excepto Dios. El es la única existencia absoluta en Quien uno puede buscar refugio, a Quien uno puede llamar por ayuda y en Quien confiar por la gratificación.
A donde quiera que nos volvamos, ahí está la presencia de Dios, y eso es un hecho."




















